domingo, 17 de julio de 2011

Para conocer hay que estar despierto...

...ya que sin conocimiento, todo será un reflejo exacto de tu propia ignorancia, de tus propios miedos.
Es maravilloso liberarse de la necesidad de ser comprendida. 
Te invito a que lo consigas con mucho amor por ti mismo o por ti misma.
Algunas mujeres se sienten muy confundidas cuando me dirijo siempre a sus responsabilidades álmicas y no a las de los hombres. Pero lo cierto es que lo hago porque quiero cargarme de una vez por todas a la victima que nos han catalogado a lo largo de la Historia Humana...la diosa es eterna y siempre está esperando a toda mujer...
Además, de que me dirijo a las mujeres en esos términos tan duros o fuertes, porque yo soy una de ellas y me gustaría que las mujeres, todas, fueran seres libres y conscientes como yo lo trato de ser a cada momento. Qué mejor ejemplo que el de una misma!.
Las victimas son pedantes y contagian sus formas de sentir...
Creen que el hombre tiene que pagar por todas SUS elecciones. Y lo cierto es que ocurre lo mismo con el hombre...
Hay muchos hombres que tienen que hacer sus deberes. Que tienen que ponerse las pilas y trabajarse por dentro, es decir, olvidarse de las hierbas del gurú de turno y ponerse manos a la obra. Profundizar más si cabe acerca de cuál es su papel en la vida y qué es lo que le hace feliz.
Desenmascarar todos los arquetipos femeninos y masculinos que le han hecho daño a lo largo de la existencia, y hacerse responsable de su propio bienestar y paz interior. 
Hombre, es TU RESPONSABILIDAD, comenzar a respetarte y a encontrarte con la diosa que yace en ti.
Pero para llegar a una diosa, tienes que convertirte en un dios.
Cuando la gente se pone excesivamente realista, "pragmática", mediocre y negativa en cuanto a las relaciones personales, pregunto: 
¿Desde dónde estás creando ahora tu vida?, ¿desde el miedo?, ¿desde la desidia?, desde la herida?, ¿desde el dolor?, ¿desde dónde hablas?.
Comienza a preguntarte: ¿conozco mi más alto designio?, ¿me conozco realmente?, ¿conozco mi esencia?, ¿mi corazón y mi alma?, ¿sé quién soy realmente?...
Porque cuando te reencuentras contigo mismo después de mucho trabajo interno, mucha sanación, mucho amor por ti mismo, muchos cuidados y mimos, mucha cura interna...aparece de nuevo la inocencia de quién eres.
La inocencia.
Llámala.
Acudirá a ti...si la llamas de verdad. 
Todos deseamos volver a amar desde esa inocencia. 
Y cuando comprendemos y nos conocemos, y cuando perdonamos y nos perdonamos por encima de todo...aparece ella.
Y con ella, la esperanza de un buen amor. 
Porque nos sentimos bien con nosotros en nuestra piel, en nuestro corazón, en nuestra alma humana.
Sánate por dentro. 
Sana todo tu pasado...por muy doloroso que sea, podrás sanarlo si estás dispuesto a soltar todo el dolor, si estás dispuesto a sentirlo dentro de ti y dejarlo ir.
Sánate y te sorprenderás con todo lo que pueda ir llegando a tu vida.
Perdona a todas las personas que te hicieron daño, incluído tú mismo.
Perdona todas las experiencias. 
Todos hemos hecho lo mejor que pudimos en el momento que vivimos.
Tú también.
Aprende de todos y de todo.
Pero confía en ti y en tu gran amor inmenso que va naciendo dentro de ti intensamente...confía en él.
Y no pierdas la esperanza de tener esa hermosa historia de amor que muchos se empeñan en que no ocurra en Gaia...
Yo tengo siempre una máxima en mi vida y que lleva mucha fuerza espiritual y mucha iluminación. Siempre me lo digo cuando aparece una pequeña o ligera duda sobre el amor verdadero, y es esta:
Si yo existo, él también. 
No dejes de creer en ti, jamás.

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